
Hoy leí este excelente artículo del diario Clarín, y realmente se me ponían los pelos de punta.
Pensar que más del 80% de los chiquitos se enfrenta diariamente a situaciones que no pueden resolver por su edad, y que encima esa sobreexigencia viene de los propios padres, y para empeorarla, que a la frustración que esto les genere se suma "un chirlo", me parece terrible.
Y lo peor de todo, es que creo que ninguno de nosotros podemos escapar, como padres, a esta sobreexigencia, porque nos viene de la sociedad en la que vivimos.
Nosotros mismos nos hemos encontrado sobreexigiendo a Joaqui, por ejemplo para que salude a un familiar al que no había visto en su vida, o para que "se porte bien" en casa ajena, por miedo al que dirán, sobre todo teniendo en cuenta que por nuestra particular forma de ver la crianza, tal vez sentimos que estamos mucho más expuestos a las críticas y los comentarios de los demás.
Por supuesto, nunca hemos acudido al "chirlo", creemos firmemente que es violencia pura y dura, y estamos totalmente en contra de aplicar castigos físicos a los niños.
Pero debo decir, con mucho pesar y vergüenza, que en más de una oportunidad le hemos gritado y nos hemos comportado como auténticos dictadores. Está claro que aún nos queda mucho por aprender, mucho camino por recorrer en este proceso de criar con amor.
Volviendo al tema del artículo, creo que no sólo como padres, sino como sociedad, debemos replantearnos seriamente qué estamos haciendo con nuestros chiquitos: de 8 a 18 en una guardería desde los 45 días, pretendiendo que a los 6 meses se coman un platazo de puré con carne, que al año caminen, que a los 2 años hayan dejado los pañales, y que a los 3 (y también antes) digan buen día, buenas noches, por favor, permiso, gracias, no griten, no chisten, no corran, no molesten... sobre todo y particularmente cuando no estamos en nuestra casa. Cuando estamos en casa, solemos ser más permisivos, pero esta "permisividad" no se traduce en tiempo de juego, en lecturas compartidas, en paseos juntos, sino más bien en "dejarlos hacer lo que quieran con tal de que no nos molesten por un rato".
Me quedo con esta dos frases del artículo:
(...) hay que aceptar que no es un problema que el chico derrame la leche en el piso, no guarde los juguetes, no los comparta con otros nenes o no salude cuando llega de visita a un lugar. "Cuando se empieza a entender -señalan-que para cada situación los chicos necesitan su tiempo, la ansiedad de papás y niños baja y el clima se vuelve más propicio para establecer reglas".Aprender a escuchar y a observarlos. Así, el vínculo fluirá.









